Nuevo Humanismo

admin

21 diciembre 2017

A lo largo de la historia se ha pasado por diferentes épocas donde la forma y pensamiento de filosofías y religiones han marcado la forma de vida de sus contemporáneos humanos.

Hoy nos planteamos las diferentes bases de estos organismos o tendencias que parece que dirigen el camino de los seres humanos, y queremos presentar una visión nueva, un nuevo paradigma, un nuevo humanismo.

La religión siempre proclama un dios distante. Dios habita en el tiempo y en el espacio, que son lejanos al hombre, es decir, que están en el pasado histórico. En el altar, en la sagrada escritura, en la hostia de la comunión, en el sacerdote durante el sacramento, en el templo, en los santos, en las reliquias… dondequiera, pero no en el hombre. Tal es el rasgo característico de todas las religiones mundiales, como modelos degenerados de la espiritualidad arquetípica.

Otro extremo es el ateísmo. La gente se aburre de los mitologemas clericales y “tiran al bebé junto con el agua de la bañera”, rechazando totalmente la presencia de la divinidad.

En el primer caso, se prefiere la divinidad en perjuicio del hombre. En el otro, el hombre en perjuicio de la divinidad. Para los ateos, dios es nada, el hombre es todo. Para los teólogos, el hombre es nada, dios es todo…

Es tiempo de reconocer que tanto el ateísmo humanista como el teísmo religioso son dos extremos peligrosos y por eso deben dejarse atrás para siempre en el pasado.

En los países democráticos modernos hay una tendencia evidente: los ciudadanos se vinculan cada vez menos con una religión cualquiera. Europa está viviendo un boom
 de ventas de templos vacíos, tanto católicos como protestantes; las diócesis y comunidades eclesiásticas se ven obligadas a vender sus edificios en subastas debido a la ausencia de parroquianos. La prensa divulga una estadística significativa: en Chequia, en solamente diez años, la cantidad de parroquianos ha disminuido casi en dos veces: desde un 41 % hasta
 un 27%, y el porcentaje de ateos y agnósticos constituye un 60%. En Francia, por ausencia de creyentes durante las últimas 3 décadas, ha sido cerrada una de cada dos parroquias. En Irlanda, desde 1992, la asistencia a misa ha bajado en un tercio…

No obstante, tampoco las ideas humanistas del siglo XVIII, que impulsaron anteriormente el desarrollo de la sociedad y del ser humano, se han revalorizado. El ser humano, así como la sociedad, sigue degradándose, y ya ha alcanzado un grado de encarnizamiento desbordante: inmoralidad, crueldad, mentira, violencia, guerras infinitas…

¿Dónde se ubica la raíz del mal? Y, ¿hay una salida de esta situación?

Desde el punto de vista cátaro, la religión es un lavado de cerebro realizado por medio de mitologemas que se hacen pasar por la verdad. La religión es la segunda trampa, después del remodelado de adaptación, adonde Elohím trata de llevar a las almas para poder seguir modelándolas ilegítimamente, preparando al hombre para otra nueva trampa, la de más allá.

Pero también el ateísmo, rechazando el extremismo religioso misántropo, devasta el tesoro espiritual de la humanidad, ya bastante empobrecido. A la gente le aburren argumentos tales como, por ejemplo, ‘no hay pruebas, testimonios de la presencia de la Divinidad’, ‘no está aprobado por la ciencia’, etc. Esto da pie a la negación global del orden mundial divino y de la espiritualidad (por tener la relación negativa con la Iglesia que se comprometió y con los postulados que predica).

La filosofía del humanismo surge en la época del Renacimiento como reacción al oscurantismo religioso
 y a la violencia de la inquisición, ambos resultados del postulado eclesiástico: DIOS LO ES TODO, EL HOMBRE NO ES NADA. Posteriormente, los ilustrados franceses (Voltaire, Diderot, Rousseau, etc.) proclama- ron un principio del nuevo modo 
de ver el mundo, en cuyo centro se situó el hombre como valor supremo. Y hoy, esto se ha reducido a una fórmula: EL HOMBRE LO ES TODO, DIOS NO ES NADA. Sin embargo, el ateísmo vulgar, formado sobre esta base, causó un daño aún mayor a la humanidad: sufrimientos y víctimas sangrientas casi en un número diez veces superior a los que infligieron la inquisición y las cruzadas en el pasado.

Para los ateos es inadmisible que Dios se eleve en perjuicio del hombre; para los teólogos, que el hombre se eleve en perjuicio de Dios… Pero estas contradicciones se pueden resolver al aceptar la otra opinión —la universal— del universo, de Dios y del ser humano.

El siglo de la religión y del ateísmo se ha acabado. Ambos extremos se juntan, la contradicción insoluble se resuelve en el nuevo humanismo. Su principio fundamental
es que la divinidad no está en un lugar en el tiempo y en el espacio, ¡sino únicamente 
en el hombre!

El Nuevo Humanismo.

El nuevo humanismo es un movimiento espiritual. La espiritualidad se distingue de la religión por su universalismo: predica los valores omnihumanos, mientras que la religión está inclinada al particularismo (algo privado que lleva a divisiones, discordias, etc.).  Se diferencia cualitativamente de la religión, ya que elimina la distancia entre Dios y el hombre! Sin negar las hermosas ideas humanistas de la Ilustración, sin ofender los sentimientos de los creyentes, ofrece una nueva visión: ¡el hombre es un valor absoluto precisamente debido a que en él habita siempre la Divinidad, el Padre de la ecúmene común!

Ha habido civilizaciones en la Tierra como los tiempos de Hiperbórea, de Atlantida… donde la divinidad y el hombre no se percibían separadamente uno del otro. No había templos, ni cultos, ni casta de sacerdotes, sino el Padre que habitaba evidente y transparentemente en cada persona. ¡Desde el principio, el hombre ha sido un teoantropoide! Tenía otra composición. Ni siquiera se podía designar como receptáculo de la Divinidad: LOS HIJOS Y EL PADRE ERAN UNO, lo que posteriormente enseñaba Cristo cuando llegó de Hiperbórea: ‘Que sean ellos uno Contigo como Tú y Yo somos uno’ (Juan 17:21).

El concepto del teoántropos excluye al negociado religioso, que se apropió del papel de intermediador entre el hombre y la Divinidad. El catarismo niega el culto distante de Aquel- quien-no-existe, basado en la magia ceremonial y los atributos externos. Al mismo tiempo, también deshace los límites ateos estrechamente materiales.

El credo cátaro. ¡la Divinidad permanece divinamente de modo indeformable en el hombre!

El credo del catarismo: 1) Dios es amor, 2) la Divinidad habita en el hombre de modo incondicional, sin restricciones, independientemente, escondida en los castillos interiores cordiales. Incondicionalmente, es decir, a pesar de errores cualesquiera. Sin restricciones: por muchos argumentos que se pongan. Independientemente del estado contemporáneo de la Tierra y del hombre. Escondida: nuestro Altísimo se halla en plenitud en los castillos interiores, pero no se manifesta en el orden externo.

¡Es absolutamente otra imagen de la Divinidad, extraconfesional! No es fría e inaccesible, sino es quien ama infinitamente, la más bondadosa, desde el principio es una con el hombre, inseparable e incondicionalmente.

Nuestro Padre no ama templos, sino corazones

El nuevo humanismo llena con otro sentido a la misma definición del hombre, reconociendo en él la plenitud de la Divinidad, aunque en estado latente. De ese modo, se le dan la esperanza, fuerza e inspiración; se enseña el camino para que abra su máximo potencial.

La divinidad desea habitar y reinar en el corazón del hombre, y no en los templuchos de piedra rituales ni en las cascaras mentales.

Nuestro Padre no ama templos, sino corazones, ama al hombre y se transubstancia en él en Su plenitud. ¡Así, el objetivo del nuevo humanismo consiste en ayudar al hombre a manifestar la Divinidad que está impresa en él!

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