Las islas de Solovkí en el mar Blanco fueron un lugar sagrado desde la antigüedad. Allí se encontraba un monasterio que en los tiempos estalinianos se convirtió en “capital” del sistema del GULAG soviético y en uno de los campos de concentración más severos (sacrificaron a miles de mártires inocentes, sobre todo creyentes, heterodoxos y presos de conciencia).