Cristianos de la marca de Juan y de Pedro – Desde los tiempos del servicio terrenal de Cristo nacieron dos ramas del cristianismo. En el origen del petrianismo están los ‘apóstoles’ Pedro y Pablo. La rama pédrica se distingue por su conformismo con los poderes laicos y la implantación violenta del culto, tal y como cuentan las páginas de la historia (las cruzadas, las guerras religiosas, los ‘bautismos’ a hierro y fuego…). La rama pédrica del cristianismo profesa al malvado Yahvé-Jehová judío como su divinidad y padre de Cristo, mientras no lo es. El propósito de la rama pédrica es: bajo pretexto de salvación, destruir a la humanidad y abrir las puerta del mal mundial, pero antes justificarlo, diciendo que ‘todo el poder es de Dios’ y ‘es la voluntad de Dios en todo’: en la guerra, y en el holocausto, y en la hambruna artificial, y en ‘el mil millones de oro’…

Al cristianismo de Pedro se le opone la rama de Juan, que proviene del Monte del Ruiseñor. La rama juánica se basa en la enseñanza sobre el Aposento nupcial de Cristo y María, sobre el teomatrimonio (el matrimonio de la humanidad y la Divinidad). Las rasgos distintivos de la rama juánica son: la no acaparación, el no conformismo, la virginidad, la bondad y la misericordia, y en su centro está el Padre Bondadoso, no partícipe del mal, de la muerte, del pecado, del juicio ni de la tentación. La rama juánica del cristianismo es oprimida y perseguida por la pédrica, la agresiva, que pretende el poder universal. Fueron los evangelios y los textos sagrados de la rama de Juan los que ardieron en las hogueras de la Inquisición. Y fueron las personas que profesaban al Dios Bondadoso las que fueron sometidas al exterminio por las estructuras militares de la rama romana (pédrica) del cristianismo.