Iglesia Blanca (la rama de Juan, la Iglesia juánica) – Iglesia de tradición hiperbórea, opuesta a la Negra (“la ladrona romana” según la definición de los cátaros medievales). Comunidad de paladines acumuladores de espíritu que creen en otra divinidad, el Dios Blanco, Dios Bondadoso, no partícipe del mal, la muerte, el pecado y la tentación, que habla exclusivamente en el lenguaje del amor. La Iglesia de los ancianos espirituales blancos, de mártires acosados a quienes se les colgaron las etiquetas de “heréticos”, “sectarios”, “cismáticos”, vuelve hoy vencedora a la Tierra.

Desde los tiempos del servicio terrenal de Cristo nacieron dos ramas del cristianismo. En el origen del petrianismo están los “apóstoles” Pedro y Pablo. La rama pédrica se distingue por su conformismo con los poderes laicos y la implantación violenta del culto, tal y como cuentan las páginas de la historia (las cruzadas, las guerras religiosas, los “bautismos” a hierro y fuego…). La rama pédrica del cristianismo profesa al malvado Yahvé-Jehová judío como su divinidad y padre de Cristo, mientras no lo es.

Al cristianismo de Pedro se le opone la rama de Juan, que proviene del Monte del Ruiseñor. La rama juánica se basa en la enseñanza sobre el Aposento nupcial de Cristo y María, sobre el teomatrimonio (el matrimonio de la humanidad y la Divinidad). Las rasgos distintivos de la rama juánica son: el no acaparamiento, el no conformismo, la virginidad, la bondad y la misericordia, y en su centro está el Padre Bondadoso, no partícipe del mal, de la muerte, del pecado, del juicio ni de la tentación. La rama juánica del cristianismo es oprimida y perseguida por la pédrica, la agresiva, que pretende el poder universal. Fueron los evangelios y los textos sagrados de la rama de Juan los que ardieron en las hogueras de la Inquisición. Y fueron las personas que profesaban al Dios Bondadoso las que fueron sometidas al exterminio por las estructuras militares de la rama romana (pédrica) del cristianismo.