Gente buena y pura que reconoce como su Divinidad al Padre del amor puro, ajeno al mal y al pecado. Reconocen únicamente el lenguaje de la paz, de la bondad, compasión, misericordia y rechazan rotundamente el lenguaje de la autoridad, usurpación, violencia y maldad. El catarismo se expandió en la Europa Occidental en los siglos XI-XIII, pero sufrió persecuciones feroces. Tribunales, hogueras, detenciones y torturas y, al final, la cruenta Cruzada Albigense, autorizada por el papa Inocencio III, que literalmente convirtieron al Languedoc y la Provenza en un desierto arrasador… La negación directa y manifiesta del mal que tenían los cátaros provocó el odio de los poderes religiosos y de la Inquisición. A pesar de esto, la espiritualidad del amor puro cautivó los corazones de muchos pueblos y se convirtió en la base de una civilización sin igual, que durante varios siglos existió en el Mediterráneo.