Los Últimos Tiempos y Los Primeros.

Administrador

10 julio 2020

 

Se complace la vista al contemplar un paisaje natural, sin contaminación ni carteles deslumbrantes…, sin ruidos estridentes y sin el compra y vende de la ruidosa sociedad actual. Se deleitan los oídos con el silencio, el cantar de los pájaros, la música que trae los sonidos del cielo y abre el buen arquetipo del ser humano. Agradece el cuerpo los ágapes de alimentos sanos cocinados con pureza… Se alegra el corazón en las buenas amistades, honestas, cordiales, y se regocija ante un gesto bondadoso y desinteresado. Se sobreilumina la mente en el rio de los buenos pensamientos del Univérsum solar. El alma se nutre y crece en la virginidad. Así como un ciervo busca las aguas frescas y puras de los riachuelos más altos, el alma busca y necesita de forma vital la virginidad. Anhela vivir en un mundo puro e inmaculado… Es el amanecer de los primeros tiempos de una nueva Edad de Oro donde se ha restaurado la conciencia del ser humano y se ha recuperado su arquetipo original.

 

El buen arquetipo del ser humano

Pero entonces, ¿es la vida virginal una utopía en la Tierra? Aparentemente el planeta se desmorona, virus, enfermedades, guerras… ¿Cómo hablar de bondad, paz, alegría, pureza… en medio de todo este mal circundante?

Muchas son las personas que han abandonado este mundo derramando sus últimas gotas de amor, fieles a la Bondad y al Bien, al Padre y la Madre del amor puro. Y en respuesta a sus peticiones de ayuda, la Sabiduría Divina ha enviado a su ungido de los últimos tiempos, Juan de San Grial, para guiar a la humanidad en el cambio de eón que se está produciendo. Él es el portavoz de todos los mártires que a lo largo de la historia de la humanidad, de esta civilización que está acabando, se han mantenido fieles al Puro Amor, derramando el amor más alto e incondicional en las circunstancias más difíciles de enfermad, tortura, calumnia y desierto espiritual: cátaros, templarios, bogomilos, albigenses rusos, cristoveres, indígenas americanos… Siempre en la Tierra han existido pueblos y culturas puras y bondadosas que junto a los buenos animales y plantas, han guardado vivo el buen arquetipo virginal del ser humano, siendo el corazón espiritual del planeta Tierra y protegiéndolo de su destrucción.

La principal misión del ungido es abrir para toda la humanidad la figura del Buen Padre y la Buena Madre para que la gente acepte la bondad y la virginidad como la única forma de existencia, así es como dicta el Buen Univérsum y la Sabiduría Divina. Para ello, a través de él, suena el Verbo teomaternal de la Madre Divina, guiando, protegiendo y preparando a las almas para entrar en los Barcos blancos de la Teohumanidad. Los buenos pueblos vencedores del mal entregan sus llaves doradas (para vencer el mal) al ungido de la Sabiduría y éste a todas las personas que anhelan sincera y profundamente el cambio sin concesiones de una sociedad basada en el materialismo, la lujuria, la usurpación y el miedo a otra totalmente diferente en la que reina la paz, la fraternidad verdadera, el servicio desinteresado a la divinidad que vive en el prójimo, la alegría de la gente buena y la belleza de la pureza inquebrantable.

 

Desde los cielos sobrecelestiales, Juan de San Grial trae a la Tierra la restauración del Buen Arquetipo del ser humano, y de la vida Virginal anhelada por todas y cada una de las personas que pueblan la Tierra. El alma es virginal desde su nacimiento. Forma de existencia resumida de una manera sencilla y hermosa en el único “mandamiento” del ahuramazdeísmo: “Buenos Pensamientos, Buenas Palabras y Buenas Obras”.

 

“Mientras-no-sea-tarde”

Esta civilización es mezclada. El mal y el bien están tan mezclados que el ser humano ya no puede distinguir lo que es bueno de lo que no. Al bien se le llama mal, y al mal, bien. La gente buena y sencilla está replegada en sus hogares cual caracol en su concha, mientras que la gente sin moral ni conciencia hace apología del mal y la lujuria en la plaza del pueblo y en los mass media. Existen dos realidades: un mundo racionalista y tecnócrata, donde está justificado el uso del poder y la usurpación sobre otras personas, y el placer se basa en más de mil formas diferentes de lujuria, y otro mundo totalmente opuesto, cardiocéntrico, luminoso, de seres capaces de ver la divinidad en sus prójimos y dar su vida por ellos, y los corazones están llenos de la alegría perfecta y la paz inalterable de los cielos.

La vida en la Tierra se polariza cada vez más y las almas han de hacer su elección, entre la mezcla en la que hemos vivido hasta ahora y que cada vez es más oscura y nociva para el ser humano, y la pureza virginal que concede la alegría y la vida eterna. La Madre Divina en cientos de ocasiones, a través de sus teovidentes (Fátima, Garabandal, Medjugorje…), incansablemente pide a sus hijos elegir el Bien y la Bondad: “Mientras-no-sea-tarde”. Si no hay una elección firme y clara hacia el Bien, ¿adónde va el alma? No hay descansillo en la escalera ni una guarida segura donde uno se pueda refugiar, o cada vez se es más puro, bondadoso, alegre y fraternal, o cada vez más malvado, acosado por el miedo, la soledad, la muerte y la enfermedad.

 

La Victoria del Bien sobre el Mal

Los tiempos se han cumplido. El mal ya no tiene cabida en la Tierra. Los portadores del mal se tienen que marchar, no hay sitio para ellos. Aún dará sus últimos coletazos, aún veremos más oscuridad, pero bajo el Amparo de la Divina Madre, no hay nada que temer. Ella es, en los momentos más difíciles, la paz en el corazón, la alegría perfecta, la vida eterna, la guía de la sabiduría divina, la intercesión en el día a día de todo aquel que se consagra a Ella. Su Inicio Inmaculado es la Victoria del Bien sobre el Mal. El destino de las almas y de toda la Tierra es nacer de lo alto, liberándose, en su Seno teomaternal, de todo el rencor acumulado y de la visión mala del prójimo (la del padrastro “creador”), del juicio y la ofensa que impide a las personas unirse en fraternidad y las convierte en seres oscuros y huraños. Así, podrán unirse en lazos virginales a sus hermanas y hermanos, vivir bajo el cielo de la teocivilización bajo la guía y el amparo de la Buena Providencia y en la gracia del Padre y la Madre del Puro Amor.

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