La memoria de la Edad de Oro se conserva en el arquetipo de la humanidad.

Tal vez, no exista gran cronista, historiador o poeta, que no haya tocado el tema de la Edad de Oro.  Y aunque la auténtica y fidedigna comprensión de la Tierra se haya perdido se han conservado algunos ecos en las antiguas leyendas épicas irlandesas, eslavas y de otros lugares, así como en las antiguas tradiciones sobre la Edad de Oro. En los cuentos populares rusos se habla de tierras puras, ‘tierras de mil maravillas, con ríos de leche y orillas de jalea’, de héroes buenos como Hércules, Dobrynia Nikítich, Ilia Múromets , jóvenes gallardos y doncellas hermosas danzando en corros maravillos…

El mito de la edad de oro (habitualmente asociada con la atlántida e hiperbórea) también provendría de la mitología griega y sería recogido por primera vez por el poeta griego Hesíodo quien brevemente describe la historia de la humanidad como la degradación de la Edad de Oro hacia la de Plata, de la de Plata hacia la de Cobre, de la de Cobre hacia la de los héroes y hasta la de hierro.

El mito de la de edad dorada se refiere a la etapa inicial de las edades del hombre en la que vivió en un estado ideal, cuando la humanidad era pura y desconocedora del lenguaje del mal. Así, la idea de una edad de oro aparecería por vez primera en el poema los Trabajos y días de Hesíodo (mitad del siglo VIII a. C.). Según el poeta se trata de la primera edad mítica, el tiempo de “una dorada estirpe…”, que “crearon en los primeros tiempos los inmortales que habitaban el Olimpo. Vivieron en los tiempos de cronos, el padre de los Dioses, cuando reinaba en el cielo…” (Trabajos y días, versos 109 y siguientes).

La mítica Edad de Oro descrita por Hesíodo está en la base de “toda la historia del pensamiento griego. La Edad de Oro no conoce ni la guerra, ni el trabajo, ni la vejez, ni la enfermedad —las personas mueren en un sueño pacífico—, pues la tierra produce bienes en cantidad suficiente para satisfacer todas las necesidades y, por consiguiente, no hay razón para que surja ningún conflicto, por lo que los hombres de la raza de oro llevan una vida tranquila y feliz.

La vida duraba largo tiempo: milenios. Y la transición era sosegada, como un sueño de cansancio y agotamiento en calma, imperceptible. El difunto se colocaba en un túmulo (cripta-sepulcro), lo ungían con aceites inmortales y lo preparaban para la resurrección clara en el día del descenso del nuevo sol.

En la tierra reinaba la abundancia de gracia, la naturaleza daba una multitud de frutos, innumerables rebaños de buenos animales pastaban en ricos pastaderos.

La diferencia entre los dioses y los humanos era solo en el grado de perfección. Entre ellos no había una diferencia cualitativa. Los dioses se relacionaban con los terrestres con tal respeto que hasta venían a ellos para pedirles algún consejo.

El reino celestial entonces estaba abierto las veinticuatro horas. Y entre el cielo y la tierra había extendida una escalera dorada. Los dioses descendían por ella a la tierra, y los terrestres ascendían a los cielos.

El misterio de la Edad de Oro consiste en su espiritualidad transparente, translúcida

¿Es suficiente la descripción que hace hesíodo de la edad de oro? quizás en ella solo se muestran los rasgos externos que tanto recuerdan el mito ideal. En realidad en la edad de oro reinaba la Diosa solar Minné, la diosa del amor sobrecelestial.

Minné, como un sol especial (espiritual, divino, sobrecelestial), estaba sobre el mundo. De los rayos de este sol nacían los terrestres. De la luz bondadosa de sus rayos se calentaban los animales, las plantas, los pajaritos, los peces. Había una buena armonía, digna de admiración entre ellos. Y del mismo sol de Minné emanaba una paz admirable.

El acuerdo se suscitaba no tanto por las obligaciones contractuales o por la imagen en la que había que vivir, cuanto por un amor iluminado particularmente. La vela inapagable del arrobamiento altísimo se encendía en los corazones de la gente. Y abrasados por la bondad sobrecelestial, la gente de la edad de oro andaba en la sobreiluminación incesante, en la meditación incesante solar.

La divinidad de Minné descendía no solo a la gente, sino también al ganado, a las plantas, a los pájaros. La  gente pasaba las horas, los días y años en la contemplación del sol de la divinidad en los que los rodeaban, en el mundo. Y en sus bocas no cesaban las palabras de agradecimiento y la glorificación a Minné.

Las gotitas de Minné (el polen de oro o el rocío de Minné) descendían literalmente a toda la creación y sonorizaban la existencia con los himnos de Minné, que empezaban en los cielos altos y se terminaban en la tierra.

Los dioses inmortales vivían en la Tierra en otro mundo y otro estar

Nuestro mundo entraba en el sínclito de las constelaciones Bondadosas, las buenas civilizaciones, planetas y mundos. No eran los 12 signos astrológicos del zodiaco, sino las 16 constelaciones bondadosas las que emanaban la luz divina sobre la tierra. Y fueron establecidos puentes: las divinidades pasaban con facilidad de una constelación a otra, de una dimensión a otra; no solo se desplazaban libremente de una esfera a otra, sino que podían ser divinidades de varias civilizaciones al mismo tiempo.

Los cuerpos de los seres humanos y las divinidades eran traslúcidos y brillaban con una luz no terrenal. Las divinidades bondadosas permanecían en una beatitud absoluta: entre incesantes cantos, contemplaciones, divinas conversaciones y corros. Había frutos terrenales en abundancia. 

Se cree que la civilización de la edad de oro se encontraba en los polos (norte y sur). En ellos, las condiciones atmosféricas eran ideales. Fluían aguas cálidas marinas y ríos de leche. La temperatura media era de 25-30 grados y no había invierno.

Los hiperbóreos vivían de mil hasta cien mil años, pero su línea existencial se interrumpía después del plazo prescrito por la providencia Divina.

MERU, LA MONTAÑA DE ORO DEL EJE MUNDIAL

Meru, la montaña dorada (Miru o en Avéstico, Jara) se ubica en el centro de la Hiperbórea ártica y fue uno de los más grandes misterios que se preservó en el Cofrecito de Ciprés de los templarios.

Según los mapas de Gerardus Mercator (cronista de sello auténtico), en el territorio del Océano Glacial moderno se encontraba un continente en forma de cruz cátara. En su centro se situaba un mar sagrado, en medio del cual se alzaba la Montaña Dorada Meru. De ese mar salían cuatro ríos que desembocaban en el océano. La desembocadura de uno de ellos llegaba a las costas boreales de Eurasia, desde donde se podía llegar hasta los Urales, y luego a Tartaria, Irán, Siria y otros países.

En lugar del océano Glacial, en Hiperbórea, vivía gente buena: los dorianos, los bonshomes. Los jardines paradisíacos, el oasis de la paz en la montaña de oro Meru, sobre el cual permanecía el Sol que No Se Pone.

Los dorianos, los habitantes de la Edad de Oro, les cantaban a las divinidades, compartiendo con ellos la misma mesa. La poesía nació como un canto a las divinidades, al mundo celestial superante, como un peldaño hacia la divinización, como el nivel más alto de la espiritualidad.

¡ Qué magníficas aves existían en la Edad de Oro! Ya no existe ninguna semejante. Las aves de la civilización de Minné tenían la belleza propia de los mundos divinos. Y los dorianos entendían su idioma. Cada ave era considerada una mensajera de Dios. Las bandadas de aves evangélicas transmitían las noticias divinas. Volaban hacia el bonhome-doriano y le transmitían el mensaje de la suprema Divinidad. La comunicación con los mundos bondadosos se consideraba natural, al igual como lo son hoy las comunicaciones por ferrocarril y aéreas entre ciudades y países.

El eje de la Montaña Dorada coincidía con el eje de la Tierra, en aquel tiempo dirigido hacia la Osa Menor, es decir, hacia el trono de la Diosa Virgen Madre de Mil quinientas hipóstasis.

Sobre la Montaña Meru se ubicaba una escalera dorada y brillaban tres soles, el más supremo de los cuales era el sol de Minné. Minné encendía el fuego en el corazón (de ahí viene la adoración al fuego en el zoroastrismo, heredero de la espiritualidad hiperbórea). Del cielo descendía un carro de perlas tirado por cisnes blancos: el Barco Blanco llamado Aposento nupcial, guiado por una carroza solar, la divinidad con aspecto humano (Apolo).

Los dioses inmortales, aunque vivían en la tierra, permanecían en otro tiempo (digamos, mil veces más lento) y en otro espacio, en el claromundo.

El eje mundial circulaba por las órbitas del Bien absoluto. Los árboles daban sus frutos en abundancia. La gente y los dioses no comían carne. Consideraban el mal como algo ajeno: se encogían de hombros y lo echaban lo más lejos posible.

Las vírgenes y los bardos vestían cuerpos solares. La música sonaba veinticuatro horas, en las calles no paraban los corros y bailes, irradiaban las sonrisas cariñosas. Las canciones inspiradas del más allá hablaban solo del amor celestial de Sagrada Minné, a la que alababan como la fuente de vida de todo el universo.

Los animales, esplendorosamente bondadosos, entendían el lenguaje humano. Los pájaros silbaban algo en su dialecto y la gente sabía su idioma. Los mismos teohombres se comunicaban más sin palabras, espiritualmente, ya que eran deslumbrantemente transparentes y podían leer en los corazones el uno del otro. El pensamiento se reflejaba en seguida en el castillo interior, y la emisión de sonidos sobraba.

¡Qué sublimes y maravillosas eran las artes! ¡Qué estructura arquitectónica del hombre! ¡Qué conocimientos más grandes poseía esta civilización! La ciudad moderna tiene que evolucionar un millón de años para alcanzar el grado de una teópolis sagrada.

Los habitantes de la edad de oro, unidos con lazos mínnicos, no apartaban su mirada espiritual de la Gran Madre que abría los misterios de las entradas en las despensas del amor superante. Ascendiendo por los escalones de la escalera de Minné, se convertían en hermanos, componían un concilio único y completo, y ‘adorando se divinizaban’ unos a otros.

Por entonces no había maldad ni pecado ni lujuria ni mammón ni circulación monetaria ni hipotecas bancarias. No había usurpación ni demonismo. No había genios del mal, magos, malvados envenenadores, verdugos ni dictadores. No había ordenadores ni nanotecnología ni órbitas cósmicas humanoides alrededor del campo de concentración sellado de la Tierra. Era imposible hablar sobre materialismo, guerras, tentaciones… No existía el miedo como consecuencia del trauma del remodelado de adaptación, ni enfermedades ni muerte.

Para los hiperbóreos el templo de piedra era algo sospechoso, el indicio de decadencia de la espiritualidad. Ahí en donde aparece el culto se pierde amor. Y empiezan las tentaciones. En aquellos tiempos no existían sinagogas ni templos ni mezquitas. Los ancianos enseñaban que en los mundos buenos no se erigen templos.

                                                                         ¡EL TEMPLO DE LA DIVINIDAD ES EL HOMBRE !

Las divinidades bondadosas son enemigas de la idolatría, no necesitan la veneración de sus imágenes sino que anhelan hacerse uno con el hombre. Como consecuencia, en los mundos bondadosos no se erigen templos. Aún más: ¡los bogomilos creen que el hombre está hecho como un templo! En su estructura interior hay 144 niveles arquetípicos, y las divinidades se manifiestan en la gente que son uno con ellas. 

Hiperbórea se sometió a un bombardeo nuclear

 

El escudo alrededor de la Tierra fue destruido. Los humanoides en sus ovnis volaron sobre la Tierra y exterminaron los oasis de contemplación, de paz y beatitud.

Los dioses degradados se resistían e incluso se sublevaron contra el diablo. El Malvado comprendió que se limitaría solo a la inyección de compuestos reptiloides, y para castigar a la Tierra le asestó un golpe nuclear de una fuerza particular. Una terrible explosión desplazó el eje mundial: lo movió 180 grados del bien en dirección al mal. El eje mundial parecía haberse estremecido y agrietado, y entró en la constelación del Dragón. 

La primavera continua se sustituyó por períodos de invierno nuclear. Desaparecieron los laureles y cipreses eternamente florecientes. Perecieron las abejitas que recogían miel de compuestos balsámicos con óleos de inmortalidad… En lugar de los campos elíseos florecientes aparecieron glaciares. El continente hiperbóreo se sumergió 700 metros bajo la superficie del mar.

En el mundo se instaló la noche de Svárog (noche oscura). De una generación a otra prosiguió la degeneración de la gente…

La Tierra tiene un origen misterioso. De acuerdo a los pergaminos hiperboreos, antes de nosotros existieron 83 civilizaciones, 15 de las cuales fueron inmaculadas, como Atlántida, Hiperbórea y Arcadia. Ahora estamos en la 84ª civilización mezclada, es decir, en la que tienen poder el Padre del puro amor y el príncipe de este mundo . En ella el bien está tan entrelazado con el mal, que se hace prácticamente imposible separar la luz de las tinieblas, a Dios del diablo. La proclamada 85ª civilización será una civilización inmaculada, , y se distinguirá por la prioridad de la virginidad y por la consagración a la Diosa Virgen Madre.

Cada civilización engloba a las civilizaciones similares a ella en el pasado. Las inmaculadas crecen en la pureza divina. Arcadia (civilización 18ª) fluye en la civilización de los Blancos Carabeleros (civilización 27ª), esta a su vez en la de Hiperbórea (la 36ª), y la de Hiperbórea en la de la Atlántida (la 72ª). 

Las civilizaciones viciosas , al contrario, representan el conjunto de todo el mal anterior. Al igual que después de la 72ª civilización divina de los atalantes llegó la 73ª de hombres-reptiles mamíferos (reptiloides), encabezados por Malmegistos, después de la 36ª civilización de los hiperbóreos llegó la 37ª civilización de reptiles cósmicos (¿acaso no es acerca de ellos sobre lo que habla la mitología de Lovecraft?

En San Salvador Verdadero (Castillo Cátaro) hay una sucursal terrenal de la Biblioteca Mística, allí fue preservado un antiguo pergamino fragante, que los cátaros conocían completamente. Este famoso manuscrito (según fuentes occitanas, del siglo XIII) se consideraba el tesoro de oro de Occitania. Se titulaba ‘Intervención’ y se remontaba a los gnósticos de Babilonia, Alejandría y Egipto. Este pergamino era buscado por los inquisidores-pedrianos para confiscarlo y apropiárselo, ¡no se salieron con la suya! No llegó a manos corruptas.

El ADN  basura. Leamos atentamente la criptografía de ‘Intervención’...

El autor de ‘Intervención’, un tal Grigori Pentakl, conocía al hombre original, nacido de la sabiduría oceánica del Padre y de la Madre, al hombre en los márgenes de su experiencia inmortal y vida eterna. También estaba informado Grigori sobre la  invasión de la Tierra hace 7500 años por parte de los anunnakis —nagi  de la constelación de Cangrejos Negros.

‘Intervención’ afirma que los cátaros estaban perfectamente enterados sobre las 180 operaciones etéreas del remodelado de adaptación. Según Pentakl, al haber invadido nuestro mundo, los ‘cangrejos negros’, en sus aparatos volantes, modificaron al ser humano a nivel genético, introduciendo en él un ADN basura, ensuciando sus purísimos compuestos.

El ADN original no contenía el mal (!)

Los cátaros lo sabían: ¡los genes-limitadores ajenos al ser humano pueden ser eliminados! Al haber quitado estos limitadores genéticos artificiales, los ancianos conseguían el nivel de la inmortalidad: con la recuperación, la regeneración y la renovación de los compuestos.

Potencialmente también hoy en día los compuestos del ser humano pueden renovarse infinitamente, empezando por el nivel molecular y finalizando con la regeneración de los órganos enteros. Pero los genes-limitadores de basura introducidos a través del remodelado del demiurgo han prohibido y han desconectado el mecanismo de regeneración (¿por qué, por ejemplo, los dientes pueden crecer solo dos veces?).

Los genes malos han debilitado la inmunidad, han aparecido enfermedades, epidemias, debilidades y vicios, desesperación y soledad, algo desconocido anteriormente por la humanidad. A los casi 50 años ha empezado a desactivarse el mecanismo de regeneración que existía antes del remodelado de adaptación. Pues el hombre pasaba por no menos de 100 ciclos de renovación (envejecimiento, luego regeneración de las células y tejidos). ¡El tiempo de vida alcanzaba los cientos e incluso miles de años!

El remodelado de adaptación penetró tan profundamente que el cambio solo es posible con la condición de que se dé un nuevo nacimiento; el segundo nacimiento del seno de Alma Máter Dei et Humani.

Nacer de sí mismos es imposible. Se necesita el Seno Materno, la participación de la Madre Lactante. Una vez colocado el recién nacido en su Seno, en aguas y aires etéricos finísimos, la Reina limpia lo impostado por el Elohim. Penetrando en las profundidades insondables de los mundos invisibles, a través de una gran catarsis, borra los sellos del demiurgo.

Naciendo de la Madre Divina, el hombre es capaz de existir en unas vibraciones etéreas finísimas y aceptar las luces e irisaciones de los mundos divinos. Las moléculas de ADN estarán enriquecidas de 16 hélices: no de dos, sino de 16 (!) hélices con los códigos inmortales recuperados.

¡No es casual que en las culturas antiguas: copta, fenicia y otras sea tan popular la imagen de la Madre Lactante! Guan Min con el jarrón lácteo, Artemisa de Éfeso de Muchos Pechos, dispuesta a nutrir más y más…

En la Edad Media la idea de la leche imperecedera inspiraba a miles de devotos: sufís, cabalistas, cristianos de la rama juánica. El orfismo, renovado en aquel tiempo, llevaba la cultura de la alimentación con la leche imperecedera de la inmortalidad que renovaba la corriente de los compuestos originales.

La leche de la eternidad también se conocía como el polen blanco de la virginidad eterna (término preferido de la Madre Divina), el agua etérea (protoagua): un grado de espolvoreo finísimo, el blanqueo del hueso nacarino inmortal en la composición humana.

Alma Máter Dei et Humani actúa en un nivel donde las energías son inalcanzables para el mal.

El gran Nikola Tesla citó sobre la existencia de los niveles sutiles de la materia. Si un metro elevado a la potencia de menos dos es un centímetro (10 -2 m), a menos tres es un milímetro (una milésima del metro), a menos seis es un micrón; entonces un metro elevado a menos nueve es un nanómetro, que equivale a una milésima de micrón, este es el nivel donde se manifiestan nuevas propiedades de la materia (en particular, afectan al ADN).

El remodelado de adaptación (180 operaciones etéreas, llevadas a cabo por los agentes del mal en los aparatos cósmicos) se realiza en el diapasón de un metro elevado a menos nueve hasta menos veinte; niveles invisibles microscópicos moleculares y atómicos [ (el tamaño mediano de un átomo en la física actual tiene un diámetro de aproximadamente  10 -10 m (0,0000000001 m) ]

El ser humano no puede con ellos, ¡¡sin embargo es posible para Alma Máter Dei et Humani, que actúa en un nivel de energía inalcanzable para las fuerzas del mal!!

El misterio de la Madre Divina, su llave e idioma es la finísima energía. Vistiendo con cuerpos inmortales, Nuestra Madre eleva el alma en el éter de la potencia 10 -50 —incomparablemente más fina, inalcanzable de modo vibracional para el malvado demiurgo con sus arcontes oscuros y ADN basura (10 -10 – 10 -20 m).

El éter de la Madre Divina

El éter teomaterno ligero realmente existe. Fue detectado en muchas ocasiones tanto por científicos como por grandes místicos.

El misterio del éter virginal es su diapasón, sus dimensiones, en las cuales actúa Alma Máter Dei et Humani. En un diapasón de 10 – 50 – 10 -100 m se encuentra el océano del éter intergaláctico, llamado supracelestial: fuentes de la luz divina, un espacio no ocupado por lass jerarquías oscuras.

  ¡La Palabra de la Madre Divina acontece en el éter 10 -50 – 10 -100 m!

LA ESTRUCTURA EÓNICA O CÍCLICA DEL UNIVERSO

La circularidad del tiempo histórico es una idea ligada al mito de la Edad de Oro y de su futura restauración. Este mito (o creencias similares) puede encontrarse en las tradiciones religiosas y filosóficas de numerosas culturas como en el antiguo Oriente y a través de todo el mundo antiguo. Además de la clasificación conocida que hemos visto a través de Hesiodo, también la tradición védica hindú (que tiene su origen en Hiperbórea) enseña sobre el ‘día de Brahma’ de millones de años de duración. La Tierra ha experimentado muchos de esos días, denominados por los bogomilos ‘días de Svárog’. También concebía la historia en forma cíclica, con alternancia entre las edades oscuras y las de oro. El Kali yuga (edad de hierro), Dwapara yuga (edad de bronce), Treta yuga (edad de plata) y Satya yuga (edad de oro) se corresponden con las cuatro edades griegas.

Es importante asimilar la estructura eónica del universo. Conforme a la espiritualidad genuina, cada ciclo cuenta con cinco eones en total, que se van sustituyendo uno a otro. El Día de la Divinidad da paso a la noche, cuando triunfa temporalmente la oscuridad. Pero después el proceso global vuelve infaliblemente al punto principal, al eje mundial de la Edad de Oro. (!) El curso objetivo de los acontecimientos constituye una especie de genealogía de civilizaciones de miles de años.

Así lo esencial en la comprensión del proceso global e histórico es la recurrencia cíclica que es opuesta a la rígida escatología bíblica, vinculada al fin del mundo, al juicio final, al castigo y a los sufrimientos eternos.

L a   E d a d  d e  O r o  es la teohumanidad que vive en paz y bienestar. Cada siglo posterior simboliza la degradación, y se llama, en los calendarios antiguos, el eón de la decadencia: la edad de plata es inferior al de oro, la de cobre es inferior al de plata, el de hierro es inferior al de cobre, y la edad actual tecno-humanoide es aún inferior a la de hierro, la edad de las armas, la agresión, el asesinato y la multiplicación del mal mundial.  Ocurre una degeneración total de los valores. Las leyes del universo se hacen inarticuladas, las dejan de entender. La bondad de las divinidades hasta sirve de tentación: cuanta más luz y bondad llevan, más grandes manifestaciones del mal provocan…

¿Consentimiento de la oscuridad?

Del antiguo tratado poético ‘ Mahābhārata ‘ extraemos las crónicas más antiguas del combate entre los Pandavas y los Kauravas: los hijos de la luz y los de las tinieblas.

En la batalla apocalíptica de hace 10 mil años, los Pandavas vencieron a los Kauravas.  La gran lucha sobremundial terminó con el oprobio del mal y la victoria del bien. Pero en el ardor del combate mortal, ya sin poder distinguir entre los suyos y los ajenos, los inmiscibles se mezclaron! Así llegó, según la cosmología del hinduismo, la era de Kali, la ‘época de discordia’, el eón de la decadencia de los principios morales y la degradación de la humanidad.

¿Acaso no es una paradoja? —¡el eón bélico no coincide con la ‘creación del mundo’ de la versión yaldabaotiana, sino con el triunfo de los hijos de la luz sobre los hijos de las tinieblas! ¿Por qué la Sabiduría ha consentido la era de Kali, que en el sistema cronológico del bogomilismo es la 84ª civilización mezclada? Sofía de la Providencia Bondadosa había previsto que solo con el consentimiento de la oscuridad (!) era capaz de dar a los guerreros de la luz preponderancias, la más valiosa de las cuales era el temple en la lucha espiritual, multiplicado para obtener gran inmunidad contra cualquier forma del mal (astucia, picardía, mimetismo, eros inferior, magia, explotación, etc.)

La seducción del eón mezclado sirve a la humanidad para conocer y, al fin y al cabo, rechazar todos los atributos del mal (sus fuentes, leyes, lenguaje). El mal pierde su poder sobre el mundo; el hombre —pasando los ciclos terrenales, gustando y luego rechazando el mal—¡consigue la corona del vencedor y se eleva hacia los tronos empíreos de las constelaciones bondadosas, más allá de los límites!

La paradoja del final de la 84ª civilización es que, aunque el mal al parecer formalmente predomina, el mal no es real.

¡El mal no es real! De él se puede decir que es una ficción, una ilusión, un holograma. Un sueño: es aquello que no existe. En el mundo actual predominan los fantasmas holográficos. El mal es una realidad pasajera. Los ocho pilares del mal: usurpación, lujuria, mammón, mentira, miedo, magia, materialismo, racionalismo, son fantasmas de lo-que-no-existe.

El mal fue insertado a través del remodelado de adaptación como una proyección holográfica de Aquel-quien-no-existe. 

La idea principal de los sabios es entender que el mal es irreal. Según el grado en el que el hombre haya apostado por el mal, se representa a sí mismo como una invención viva —la proyección holográfica de Aquel-quien-no-existe.

El demiurgo-remodelador, ‘creador del mundo’, quien afirma sobre sí que únicamente él existe, ¡es Aquel-quien-no-existe! Y Aquel-quien-no-existe dice sobre sí que únicamente existe él, y de ese modo rechaza la realidad de la existencia auténtica —¡la realidad de miles de mundos bondadosos, miles de dioses bondadosos, seres vivos, esferas!

El remodelado de adaptación, junto con la lujuria y el mal, aportó el falocentrismo en lugar del cardiocentrismo; pecadocentrismo en lugar del luminocentrismo: los sucedáneos de lo-que-no-existe. Se hace fantasmagórica la existencia que se inclina hacia el ilusorio cinematógrafo.

A medida que la humanidad se malhomiza se traslada a la esfera holográfica de alucinaciones y fantasmas; a una realidad aparente, tejida de ilusiones (matrix). Ésta es una realidad mítica, la pantalla holográfica sobre la cual los humanoides proyectan sus ideas cósmicas, creando al ser humano imaginario.

Los humanoides son el mismo cinematógrafo ilusorio, igual a este mundo tridimensional. ¿Acaso alguien lo duda? ¿Quién ha creado esta ilusión tridimensional holográfica? Abriendo los ojos vemos antes nosotros pinos, tierra, bancos, gente… Pero dicen: ‘¡Espejos deformables. La realidad verdadera está oculta tras el mundo tridimensional!’.

¿Quién inventó esta cáscara tridimensional y de modo artificial sumergió en ella al teohombre, el cual era capaz de ver a Dios con sus propios ojos?

Los humanoides de las Pléyades, Orión, Zeta Reticuli y de otros mundos oscuros y mezclados, servidores del demiurgo, modelaron este mundo ilusorio, y ¡también ellos son ilusorios! Son un lamentable holograma, real en proporción al grado en el que estamos sometidos al mal. Pero si abrimos los ojos espirituales, veremos a los carabeleros blancos y caballeros invencibles.

Los científicos consignan que a partir de 2005 el campo vibracional de la Tierra se hizo más fino. La energía de la Tierra , las vibraciones, se hacen mas finas de materiales a espirituales, para lo cual es importante entrar en la esfera del Amor Divino, el cual afinará los compuestos y los hará más sensibles a las luces sobrecelestiales.

¡Urge una preparación y Purificación en vísperas de la explosión repentina de la nueva espiritualidad que espera a la humanidad!

 ¿Por dónde empezar? Por la consagración cotidiana al Corazón Inmaculado de la Madre Divina intergaláctica, la Reina Señora Diosa Virgen Madre de la Concepción Inmaculada.

 ¿Cuál es la misión del catarismo en el siglo presente? —¡Liberar definitivamente a la Tierra del mal! La lucha del Armagedón que había comenzado hace siete mil quinientos años entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas todavía no se ha acabado. Y para que en las vastas tierras se instaure la era de Satya (la Satya-yuga), el eón de la luz suprema, la 85ª civilización de Minné, tenemos por delante aún muchos descendimientos a la Tierra para entrar en batalla contra nuestros antiguos enemigos, portadores del mal…

La Tierra hizo su elección, y a ella le fue consentido el eón mezclado 84º. Las tinieblas y la luz, el bien y el mal —como si estuvieran en una proporción equivalente. Empezaron las batallas y luchas, batallas por el destino de la Tierra, y estas no terminarán todavía durante los próximos 100 mil años (según el sistema cronológico terrestre), es el plazo de tiempo necesario para que el mal y la lujuria se dispersen definitivamente y el remodelado de adaptación sea vencido. Entonces la bondad triunfará definitivamente.

REEMINISCENCIA DEL MITO ÁUREO EN EL “DESCUBRIMIENTO” DE AMERICA

 

El descubrimiento mesiánico de América mostró un nuevo sol. Europa entera se agitó. No porque se hubiese hallado un nuevo continente (sobre este ya existían conocimientos), no.

La causa de la conmoción estaba en los relatos de los conquistadores, que atestiguaban haber visto otro género, otro pueblo, personas de otra composición: puras, descendidas del cielo.

Había sido descubierto el oasis de la Atlántida, ¡el de una civilización más avanzada, que superaba mil veces a la europea (arquitectónica, cultural y espiritualmente)! Las mentes más inquietas se conmocionaron con el descubrimiento. Comprendían emocionadas: ‘¡Ha sido descubierto “El Siglo de Oro!”

El mayor pensador inglés, Francis Bacon, escribió su tratado “La Nueva Atlántida” tomando como modelo los hallazgos más recientes relacionados con el descubrimiento de América. En su obra describe cómo los europeos chocaron con un desconcertante y desconocido género de personas.

Posteriormente Tomás Moro, escribió la obra “Utopía” (del griego οὐ «no» y τόπος «lugar», término utilizado para describir una sociedad ideal que en el presente parece que no existe pero que alguna vez existió o existirá). En términos espirituales, la utopía sería el paraíso terrenal fuera del remodelado de adaptación, es decir el estado primario de la humanidad ajeno al pecado fatal y a la corrupción. En esta obra Tomás Moro habla abiertamente sobre la tierra de los ángeles y los santos perfectos.

En las crónicas helénicas y en los antiguos calendarios mexicanos lo llamaron el Siglo de Oro.

Shakespeare se admiró con el Nuevo Mundo, reflexionaba mucho sobre la Atlántida. En su drama “La Tempestad” describió una isla desconocida de belleza supraterrenal, el oasis de una civilización divina, habitada por personas de belleza extraordinaria, lleno de maravillas inconcebibles.

Ver América en su manifestación original es lo mismo que mirar a aquella Atlántida que verdaderamente existió unos siglos antes de nuestros tiempos.

La tierra de Mamapacha daba las cosechas más ricas (solo de patata, había 250 variedades). Los pueblos vivían en paz y abundancia, sin conocer enfermedades. En la Europa de aquellos tiempos se sufría de hambre y epidemias mortales. Mientras en América no sucedía nada parecido. Mamapacha cuidaba de sus hijos.

América estaba en pleno florecimiento: una desarrollada civilización urbanística con palacios de varios pisos y habitantes espiritualizados de rostros angelicales. Jardines exuberantes de olorosas flores, magníficos palacios construidos sobre el agua y ciudades unidas por canales. Cosechas siete veces al año. Ancianos que contemplaban el universo elevándose a los cielos en cuerpos espirituales. Personas a cuál más luminosa, matrimonios magníficos. La continuidad del género se resolvía por vía humana, pero al mismo tiempo de modo secreto. Los niños no nacían fruto de una lascivia animal, sino de un matrimonio de corazones.

Una ciudad celestial descendida a la Tierra

…En una mañana de mayo de 1521 los soldados de Cortés entran en Tenochtitlán, la capital de los aztecas. Los españoles contemplan todo sobrecogidos: ante su mirada se alzan maravillosos palacios de granito, adornados con oro y piedras preciosas. ¡Están erigidos sobre el agua! Ornamentos misteriosos resaltan sobre monumentos de piedra de belleza sin igual… Es imposible apartar los ojos de la inmensa ciudad-templo regida por calendarios solares.

Los conquistadores aturdidos arrojan las armas: “¡Dios mío! ¿Esto es un sueño? ¿Qué estamos viendo? ¡Estamos en un paraíso terrenal!”. Están llenos de admiración por los enigmáticos murales, por la belleza inigualable de sus representaciones. Uno de los conquistadores describe de esta manera la entrada de los españoles en la ciudad de los aztecas.

“Llegamos a un amplio camino y continuamos nuestra marcha en dirección a la capital. ¡Dios mío, amigo mío, qué fue lo que allí vimos! Numerosos pueblos y aldeas construidas sobre el agua. ¡Una Venecia americana! Tales torres y casas nos parecían posibles, si acaso, solo en las leyendas.

¡Qué espaciosos y bien proporcionados son sus templos de piedra y madera de cedro, con toda especie de árboles de dulces aromas y enmarcado por piedras preciosas y mármol, con inmensas salas y patios, adornados con tapices de algodón.

Ahora escucha, amigo, cuán maravillosa era la naturaleza de las tierras que acabábamos de descubrir. Entramos a un jardín tan maravilloso que no podías dejar de contemplar toda la diversidad de los árboles y aspirar los olores de cada uno de ellos. No podíamos dejar de admirarnos de las hileras de rosas y otras flores y los numerosos árboles frutales que estaban junto a aljibes de agua fresca transparente y fragante. Desde el lago se puede acceder en grandes canoas directamente al jardín, a través de un canal construido expresamente para ello…

Nunca antes habíamos visto algo parecido. ¿Dónde estábamos? ¿Acaso el reino de los cielos había descendido a la Tierra?

Te lo aseguro, amigo mío: en el mundo no hay ni hubo semejante maravilla arquitectónica ni tal abundancia de vegetación ni esa especie de entusiasmo espiritual puesto en cada uno de los adornos de esta espaciosa capital, que no tiene ni principio ni final…”.

¡Oh, cómo lloraban las bondadosas tribus, qué grito de dolor se extendió entre los indios americanos cuando los conquistadores romanos destruyeron una de las más antiguas bibliotecas mayas, que guardaba misterios del círculo hiperbóreo, del conocimiento del tiempo, de la divinidad, del hombre, de la historia!…

Sí, ¡las civilizaciones divinas existieron! Al pensamiento tecnocrático contemporáneo le es muy difícil concienciarse de que aparte de la actual civilización mezclada existieron otras civilizaciones-oasis; y de que aparte de los Homo sapiens existieron personas de otro género. Estas tienen otros protectores, otros cielos, otras tierras, otra respiración, otra constitución de la mente y del corazón, otros sellos, otra naturaleza: ingenua, inmaculada, pacífica, ajena a las aberraciones sexuales y todo aquello que vino con el remodelado de adaptación.

El precedente de la Atlántida original existió cuatro siglos atrás. Sus habitantes americanos desean devolvernos los secretos de la espiritualidad inicial, con ayuda de los cuales se puede construir una civilización aún más perfecta, si cabe, que aquella con la que chocaron los primeros conquistadores romanos.

Es necesario retornar a los modelos originales, los que fueron borrados de la faz de la Tierra. Entonces la civilización, sin duda, sobrevivirá, y en los lugares de los antiguos pantanos desecados crecerán los oasis de la paz.

EL CALENDARIO SOLAR DE HIPERBÓREA Y LA INTERCEPTACIÓN JUDEO-CRISTIANA

En la Biblia no hay ni una palabra sobre la Edad de Oro. Se supone que el paraíso bíblico, gan-edén (el jardín de Edén) existió solamente tres días. Habiendo comido del árbol del conocimiento del bien y del mal, ya en el cuarto día, Adán y Eva estaban obligados a abandonar el paraíso…

Si el paraíso judío-romano duraba solamente tres días, la Edad de Oro de los calendarios hiperbóreos contaba con 50 y hasta 100 mil años. Algunos dicen que en aquel entonces no había tiempo en general. Él fluía hacia la eternidad, como la humanidad fluía hacia la divinidad.

Poca gente puede deducir la fuente del actual calendario gregoriano. La idea de comenzar un nuevo calendario y borrar de golpe la memoria de las civilizaciones puras del pasado pertenece a la iglesia de Roma.

La iglesia Romana ha hecho con la memoria espiritual de la humanidad lo mismo que sus antecesores, los rabinos, con el libro de Génesis. Los soferim judíos (escribas, que tergiversaban todo) en tiempos lejanos comenzaron a llevar la cuenta desde ‘la creación del mundo’. En el año enésimo, cinco mil años antes de Cristo, el demiurgo Yaldabaot creó su universo, la civilización mezclada, en la cual los elementos de lo divino (robados en los mundos puros que conocían y glorificaban al Padre y la Madre del amor puro) estaban unidos en ‘mezcla explosiva’ con los principios del mal, la lujuria, la usurpación y la misantropía.

En la escritura de Moisés, reescrita en los tiempos del Segundo templo se dice: ‘en el principio dios creó el cielo y la tierra’ (Génesis 1:1). La primera palabra ‘en el principio’ (‘breshit’) ya es la anulación de todo el calendario hiperbóreo. Conforme al Pentateuco, ‘el principio’ era hace seis-siete mil años (justamente el tiempo de la edad de hierro), y antes no había nada.

Algo semejante al calendario del Antiguo Testamento compuso Pedro-seminarista (el Yeshivá), el espía del sanedrín, al cual Cristo no una, sino miles de veces (Mt. 16:23) desenmascaró como satanás. Precisamente de Pedro procede la idea de la así llamada ‘nuestra era’, que comenzó después del ‘Nacimiento de Jesucristo’. Otro universo virtual, antes del cual no existían ningunas fuentes originales. Entonces, toda la claridad que hay en el mundo, fue captada por la rama de Pedro.

¡Llena de horror solo pensar, con qué ofuscación de las mentes está vinculado el calendario actual pues su aceptación ha marcado definitivamente la llegada de la época del mal mundial. 

Los calendarios más antiguos que mostraban los meses, semanas y días de millones de años hacia atrás y hacia adelante Roma los sustituyó por los gregoriano y juliano, monoteístas e ilusorios, inventados exclusivamente para el cálculo de la época de Elohím.

El calendario romano que lleva la cuenta desde el mítico ‘Nacimiento de Cristo’, tiene un único objetivo, y es borrar la memoria mnemónica de las civilizaciones buenas, borrar las huellas de sus robos. Hacer creer que en el pasado había vacío, barbarie, nada. Y que en el futuro habrá un juicio final y eterno «stasis» (el estancamiento). El hombre se agita entre el vacío del pasado y el vacío del futuro, convirtiéndose poco a poco en un juguete militante traumatizado…

Desde el punto de vista cátaro sobre la astrología examinaremos también el origen de la idea del calendario.

Con un sonido parecido en dos de las lenguas europeas principales (por ejemplo, en inglés —calendar, en español —calendario), dicha palabra está compuesta de dos raíces eslavas de tiempos remotos: ‘Kaledá ’ y ‘dar’ (regalo).

El calendario es un regalo particular a la humanidad del dios Kaledá: el don del tiempo auténtico, el cual se diferenciaba sorprendentemente (como ha sido mencionado anteriormente) del sistema cronológico actual con un ciclo de 24 horas y una rotación anual de 365 días…

Imaginemos a un contemporáneo nuestro, alguien que haya decidido vivir sin el calendario habitual, y por ello más allá del tiempo. Sin conocer el año, el mes y el día muy pronto caerá en postración… También sucede lo mismo con la humanidad: si vive sin un calendario auténtico, —permanece más allá del tiempo; y estamos fuera del tiempo, ¡entonces estamos fuera de nosotros mismos!

¡Qué importante se hace regresar a los calendarios antiguos (los más remotos, los hiperbóreos), para abordar los acontecimientos importantísimos del pasado! Y desde la cima de la historia verdadera de la humanidad, más clara, más sobria y más precisamente, observar y valorar el presente y el futuro.

A la humanidad no le da igual qué espiritualidad y qué arquetipo heredar.

El arquetipo determina el futuro de la civilización. Es importante la fuente, son importantes los sellos y el espíritu.

Un error trágico de nuestra 84ª civilización mezclada es la adopción de la cultura grecorromana. Como si no existiera nada más que las estampas habituales. Todo lo que está fuera del paradigma romano es una barbarie. Así ha pasado la historia desde el nacimiento de Cristo hasta la terminación del cristianismo, bajo el signo del dominio grecorromano por un lado y de Elohím, por otro. La cultura falsa, la espiritualidad falsa…

El borrado de los calendarios originales hiperbóreos ha influido catastróficamente en los destinos de la 84ª civilización mezclada. ¡Qué importante es volver al calendario original, auténtico! Los ciclos solares de la divina Madre Virgen aportan al hombre la seguridad y le devuelven las fuerzas, restablecen su grandeza genesíaca como teohumano.

Hiperbórea no puede revelarse desde fuera a los que tienen curiosidad ociosa.

Sabemos que hace 30 mil años, Hiperbórea todavía se extendía por toda Europa, Asia septentrional, Siberia y América del Norte. Pero no es necesario verla en clave profana (como el reino de los mamuts gigantes y las tiendas cónicas), sino como una gran civilización de otro género , relacionada con los principios inmaculados, las divinidades puras y las almas teohumanas que habitaban la Tierra.

A muchos les llegan hoy día por canales cósmicos abiertos mensajes sobre las civilizaciones antiguas de Hiperbórea y Atlántida. Algunos juzgan por fuentes cósmicas, por audiciones cosmo-visionarias, por excavaciones arqueológicas, por antiguas tablillas con escritura cuneiforme…¡Es en vano! ¡En vano se acercan  al misterio de Hiperbórea! 

¡Es necesario adornarse con las vestes de la virginidad noble y sólo entonces Ella, nuestra Gran Madre, revelará las unciones misteriosas de los inmortales!

Madre Divina es el puente entre la 36ª civilización, la Hiperbórea solar (‘Ave María II’), y la futura 85ª, la Nueva Atlántida (‘Ave María IV’)

¡TRAS LA AGONÍA DEL MAL MUNDIAL,

UNA NUEVA EDAD DE ORO!

 

El objetivo principal de la humanidad no es la esperanza en el mesías, el juicio final (u otros mitologemas escatológicos), sino la preparación para la Nueva Edad de Oro. Llega el tiempo del gran regreso de la Edad dorada, y cada persona se encuentra ante una elección inevitable en la que no tienen lugar ni vacilaciones ni transigencias ni retiros ascéticos.

El calendario solar hiperbóreo está escrito en otras dimensiones de la existencia y lleva los sellos de las civilizaciones solares teohumanas. Propone al hombre moderno, que está en búsqueda espiritual de otro orden del tiempo: la edad de oro, de plata, de cobre, de hierro, humanoide-tecnocrático… y la vuelta del sol espiritual a su sitio, a la edad de oro solar, la época de Minné.

En vísperas del fin del año 2012, que fue, un punto de cambio de eones, la humanidad se encontraba en la espera febril del ‘fin del mundo’ (al principio fue anunciada la fecha fatal ‘12.12.12’, y después también el ‘21.12.12’).

El tan mentado ‘fin del mundo’ no puede llegar por determinación, ¡porque la luz es un fenómeno no creado y arcaico! Tampoco puede llegar nunca porque nuestro Padre Celeste es la Luz Blanca Purísima, ¡intachable, incorrupto, indestructible, eterno!

Entonces, ¿qué fue lo que pasó? ¡¡¡Solo el fin de la oscuridad!!! 

A partir del 2012, según el calendario terrenal (el 15 según el de Mani, el año 22049, según el calendario hiperbóreo), el eje mundial se desplaza definitivamente en dirección a la bonhomización. Concluye el eón de 7500 años del dominio del mal. La humanidad entra en una nueva cronología. Conforme al calendario hiperbóreo comienza un nuevo calendario, un nuevo gran eón de luz. Nos esperan 1 0 . 0 0 0  a ñ o s  de la nueva Edad de Oro.  Las divinidades que en un tiempo estaban obligadas abandonar el mundo, vuelven a la tierra (!) 

En el mundo espiritual ya ha tenido lugar la victoria de los hijos de la luz sobre los hijos de las tinieblas. Ha comenzado el eón del Perro Blanco hiperbóreo (en términos del Mahabhárata: Satya yuga), dicho de otro modo, el amanecer de Svárog.

El horario del reloj místico de repente ha cambiado su movimiento y ha empezado a moverse en dirección de la bonhomización, y no al revés como antes, hacia el mal. Los bogomilos llamaban al movimiento en contra de las manecillas del reloj la deformación de la cruz . Así es la esvástica de Hitler: entradas ilegales, movimiento hacia la usurpación, el despotismo, la guerra, la muerte de millones…

La cruz que gira a la derecha en la cultura iranio-aria simboliza la vida eterna, la creatividad del espíritu, la renovación. Hitler eligió como símbolo del nazismo ocultista la esvástica que gira a la izquierda (en contra del sentido del reloj): el símbolo del giro hacia el mal, de la intercepción del inicio divino por las esferas oscuras. Del Tíbet sacaron sus ideas Franco, Hitler y Stalin. Himmler emprendió los viajes al Tíbet, para copiar de allí la simbología —por ejemplo, cráneo con huesos, svástika—. Los estalinistas también visitaron a los lamas para coger lo más posible el mal y las claves del poder sobre las masas.

La cruz negativa se puso de manifiesto particularmente en el siglo XX. Dos guerras mundiales, el nacional-socialismo alemán, el estalinismo, el Gulag, los campos de concentración. Pero… ¿qué pasa después? Elevación de la serpiente-kundalini y las salidas astrales, interés por la cuarta dimensión, el cosmos inferior, espiritismo, astrología zodiacal, magia, djinnes y demonios. Sucedáneos de toda clase.

Se puso en marcha la máquina del mal mundial, que se tragó a millones. ¡Cuántas almas cayeron en el cráter infernal del siglo XX!

Hoy los humanoides, que no conocen otra cosa que el mal, de nuevo le imponen a la humanidad sus cruces deformadas, pero ahora bajo la máscara del confort, prometiéndole el progreso técnico, el poder sobre el mundo y bienes mundanos sin igual… La prosperidad de los elegidos (‘los mil millones de oro’) se paga con los sufrimientos y la muerte planificada de la mayoría aplastante de la humanidad de la Tierra. Sin embargo, la Sabiduría parece no advertir las cruces deformadas, negativas de la humanidad. Más aún, ¡las convierte en instrumento para hallar beatitudes!

 Las muelas sangrientes de tiranías, guerras y catástrofes están parándose. El mal se manifiesta en relieve y de modo tan evidente solo por una causa: agoniza. Desde ahora el desarrollo de nuestra civilización seguirá otro cauce, el solar. Ya despunta la aurora. Un nuevo Sol se levanta. Nadie puede pararlo. El eje mundial, tras pasar el círculo de Cefeo, volverá hacia la Osa Mayor y en la Tierra se establecerá una nueva Edad de Oro (!) 

      ¡Madre, habla! ¡Y construye una nueva civilización de bondad divina!

La nueva Edad de Oro supone una nueva visión, nueva teología, antropología, naturología. Se revela la suma de hipóstasis de la Diosa Virgen Madre, a quien le está encomendado ser la Suprema Diosa de la Edad de Oro.

La Reina llama a la humanidad a pasar fundamentales y profundos cambios interiores. Pero el primer deber de los habitantes de la Tierra es  consagrarse  a la Reina de dos mil panteones terrenales, a la Madre del cielo y la tierra, la Madre de los dioses y los humanos, y aceptar con alegría los rayos del sol que salen de la diadema solar de su frente.

La Diosa Minné enseñará a la humanidad a luchar contra la lujuria y ofrecerá un ideal: la virginidad. La lujuria se quemará y dejará de existir. Se revelará el trono de la Virgen de Miles de hipóstasis. Nuestra Señora Celestial aparecerá al mismo tiempo con miles de rostros. La humanidad merecerá el milagro de contemplar las miles de  hipóstasis iridiscentes de la Sabiduría, a cuál más profunda, magnífica, accesible-inaccesible y hermosa.

  ¡La Edad de Oro llegará ciertamente!

    Así es como lo ordenó la Providencia Bondadosa del Altísimo.

        El mal será extraído de raíz.

 ¡Y ay de quienes no puedan rechazarlo a su debido tiempo!

Después de breves calamidades purificadoras, la Tierra se transfigurará y entonces volverá a abrirse la Teocivilización. Por la escalera dorada, las divinidades descenderán a la Tierra en cuerpos físicos, y los terrestres, guiados por la Diosa Virgen Madre, ascenderán a los cielos, tras divinizarse.

Gente, ¡ sois hermanos!

Acogeos unos a otros con ardientes abrazos. Haceos como dioses

misericordiosos y conciliares. ¡Tocad, trompetas celestiales!

 La noche de Svárog ha pasado. ¡Es el amanecer!

Se blanquea el hueso nacarino en el interior del hombre terrestre.

   …………………………..

                                                              Artículo realizado a partir de los libros de Juan de San Grial 

 

 

 

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