Hoy en día el miedo a la muerte nos amenaza consciente o inconscientemente. Siempre encuentra una puerta por donde entrar en nuestra mente, atemorizarnos, robar la paz y la alegría de nuestro corazón. Hoy despedimos a un ser querido, mañana nos despiden del trabajo, nos quedamos sin nada…, al otro nos amenaza una enfermedad.

 

¿Por qué sufre el ser humano este miedo tan grande? Primero tenemos que saber que no es la muerte lo que más atemoriza, sino el propio miedo a la muerte. Los cátaros sabían que el miedo a la muerte se aceptaba durante la vida, bien por el desconocimiento del más allá; bien por los traumas que la persona recibe durante su vida; la falta de respuestas profundas para el alma y sobre todo la gran pérdida, la desconexión y el olvido de la fuente de la vida eterna, el Padre y la Madre del amor puro, los que engendran las almas por el exceso del virginal amor, llamado Sagrada Minné.

La existencia del hombre pasa bajo el signo de la muerte: “Todos mueren, por lo tanto yo también moriré…”. El miedo a la muerte domina sobre la naturaleza humana y permite manipularla convirtiendo al homo sapiens en un esclavo.
Los terrestres están usurpados mediante miedos. “La muchedumbre debe estar llena de miedos… ¿para qué? Para manipularla: insuflando miedos colectivos se puede jugar con sus instintos. Es la magia y la hipnosis de la televisión, los mass media, las leyes, ideologías… y poco a poco… el temor.

Atrapados en el orden rutinario de este mundo nos desvivimos por cumplir sus normas y un poco más “por si acaso”, para poder “triunfar” o al menos asegurarnos una cierta seguridad-comodidad o garantía de algo, pero sin saber exactamente el qué.

Las experiencias místicas y el mundo espiritual, el diálogo con la divinidad… son consideradas hoy en día como destinos exclusivos de una élite de santos y unos pocos pastorcillos afortunados. ¿Para qué hacer hazañas si no podemos cambiar? Si nos espera la muerte y no podemos desprendernos del pecado original…Todo esto sume al alma en la desesperanza y el ser humano sufre con ansiedad, intentando paliar esta angustia con sucedáneos: internet, restaurantes, políticas, prácticas espirituales sin frutos consistentes… Pero nada realmente funciona porque no le llevan a conocer su origen verdadero, su arquetipo, ni respuestas a la elevada razón de su existencia en la Tierra.

 

El miedo a la muerte tortura hasta que no se instaure en la persona la perspectiva real de la inmortalidad. Mientras esta no se haga real, al hombre le torturará el miedo a la muerte.
La victoria sobre los miedos, dará la victoria sobre las enfermedades y después sobre la propia muerte.

Desde la visión gnóstica, la muerte resulta ser una etapa para superar la basta naturaleza material del hombre.

La rapacidad materialista surge a causa de que en la mayoría de la gente no existe alternativa a la visión de otros mundos bondadosos. Ya que si no hay alternativa pues, “vamos a conquistar rapazmente cuanto más podamos de cuanto sea posible”.

 

La práctica del catarismo ofrece un camino práctico, arquetípico, heredado de ancestrales culturas buenas y puras que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, con frutos reales para vencer los miedos y el orden de este mundo. Abriendo la mente al Buen Universo  de “Arta” con sus Estatutos Originales “no de este mundo”, recuperando la conciencia divina con la gnosis sobreiluminada, entrando en diálogo con los puros de corazón… Poco a poco se despierta el ser solar en nuestro interior, el que no tiene miedo porque es inmortal, el que escucha la voz de la Sabiduría divina, el que con ojos de adoración a su prójimo diviniza… Se abren los tesoros del Univérsum Solar en el interior. ¡Ningún miedo! El miedo a la muerte es el mal y se vence con la bondad superante, la fraternidad y la ausencia de rencor.

Queridos amigos, ¡os invitamos! a conocer nuestra cultura, filosofía de vida, acercaros a nuestras actividades, convivencias, congresos y vosotros mismos podréis experimentar cómo se curan los traumas de vuestro corazón, se desvanecen los miedos, sonreís con la alegría perfecta de los cielos más altos… Os invitamos, aquí y ahora, ¡a entrar en las esferas de la Teocivilización!

Padre Juan: “No hay muerte, hay dormición. ¡La muerte es el triunfo del amor! Minné no simplemente vence la muerte, sino que en el momento de la transición concede la beatitud especial. Mediante la dormición el prójimo se hace más cercano: esta es la esencia del CONSOLAMENTUM CÁTARO”. “La Verdad y el Amor pueden vencer el tiempo y la muerte”.

 

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