Basado en las enseñanzas de los padres Cátaros (en Cartagena, el 24-11-2018)

 

¿Qué es la libertad?…  ¿Somos realmente libres…?

Muchos dirían que ser libre “es poder realizar la propia voluntad”. Pero esta misma frase presupone algo que sería rebatible: ¿realmente es nuestra esa voluntad que queremos ejercer?

Queramos o no, primeramente cada persona ha formado su conciencia interior asumiendo la conciencia de sus parientes y cercanos: la conciencia y valores familiares, y también los religiosos y sociales de una época, que a su vez derivan de generaciones y procesos anteriores. Luego vamos moldeando nuestra conciencia, pero siempre en base a las imágenes que encontramos en este mundo.

Podríamos preguntarnos entonces ¿cómo hemos formado realmente nuestras virtudes y valores?, ¿cómo hemos formado esa conciencia que acciona nuestras voluntades y nos conduce?, ¿quién nos conduce?… Porque toda esa conciencia y voluntad “nuestra” nos hace capaces de hacer graves daños a los prójimos, al entorno e incluso a nosotros mismos y a nuestros más cercanos. También hemos tomado decisiones que han tenido consecuencias graves o dañinas y que nos han traído hasta el presente faltos de todo eso que nuestro interior añora: esa paz, esa felicidad y amor que tanto deseamos, y al fin y al cabo faltos de ser la buena persona que queremos ser.

 

Está claro que los modelos de conciencia que hemos seguido, y que ha seguido la humanidad, no han servido y necesitamos realmente otro tipo de conciencia fuera del orden oficial establecido de este mundo.

Muchos han buscado entonces, en todas las épocas, a ungidos, a ancianos blancos, a personas llenas de Espíritu Omnibueno que viven y enseñan los valores que aman en los cielos. Ellos han trasmitido siempre la Voluntad Divina para guiar a las personas al destino más elevado. Las personas les piden ayuda para cambiar su conciencia para bonhomizarse (hacerse más bondadosos), cumpliendo así la Voluntad Divina.

Esta Voluntad Divina es la voluntad de nuestros Padres Celestes omnibondadosos, divinidades inmiscibles con el mal, omnimisericordiosos, que fueron conocidos y adorados por los pueblos cátaros, bogomilos, cristoveres… y por los ungidos de todos los tiempos. Sus nombres son a cual más hermoso como: Madre Concepción Inmaculada o Padre del Puro Amor Ahura Mazda…

Los que han comprendido que la voluntad propia (la terrenal) no es la ideal, buscan cómo corregir ésta hacia la Voluntad y conciencia Divina. Se necesitará la guía de los ungidos de la Sabiduría y la de la hermandad que lucha por el mismo fin. Solo no se puede vencer al propio yo vetusto construido por el modelado terrenal.

Y…¿qué quiere la Voluntad Divina? La contrastaremos con la voluntad terrenal.

Ya Cristo dijo: “… para que todo el que crea en mí no se pierda y tenga vida eterna”. La divinidad bondadosa quiere que vivamos eternamente. Para ello ha luchado y lucha incansable para hacernos llegar Sus compuestos divinos que revierten el Remodelado de Adaptación, que nos divinizan. Y lo hace a través del Cáliz, en manos de los ungidos, de Su Verbo revelado y manifestaciones, y a través de todas las prácticas de acumulación del espíritu Clarosanto bajo la guía de los ancianos.

La conciencia terrenal, la familiar, nos graba ya desde pequeños que somos mortales y vamos a morir. Premisa que prohíbe siquiera pensar en la inmortalidad.

 

La Voluntad Divina quiere que distingamos entre el bien y el mal y elijamos siempre el bien. Mientras que la mentalidad humana y la de género nos enseña a distinguir, como máximo, entre lo que es nuestro (nuestro patrimonio, nuestra familia, nuestras ideas, deseos, ilusiones…) y lo ajeno, enseñándonos a elegir siempre lo nuestro frente a lo ajeno.

La Voluntad Divina quiere nuestra unión, en uno, con los Padres Celestes, con los prójimos, con toda la humanidad, con la naturaleza… Mientras que el espíritu del mundo siempre separa: a Dios del hombre, a los de dentro de la familia de los de fuera, a los de una religión de los de otra, un país de otro, al hombre de la naturaleza, y al fin al hombre de sí mismo, separando su interior de su exterior.

La Voluntad Divina quiere que sigamos los Estatutos Universales del Bien. Mientras que la otra voluntad que se inculca es servir a los bienes y beneficios propios a cualquier precio, frente al bien común y absoluto.

La Voluntad Divina quiere que sirvamos desinteresadamente, que la alegría de mi prójimo se haga mi alegría. El interés del género familiar, humano, es que sirvas sólo a los intereses propios, familiares, gremio, país… puedes mirar todo como algo a conquistar para ti.

 

Madre Divina quiere que busquemos la Verdad, que sigamos el camino espiritual. La voluntad ancestral y social es que trabajemos para el mammón (el espíritu del dinero y la posesión), no buscar ninguna verdad, sino defender tu patrimonio, tu herencia,…no invita a seguir un camino espiritual.

La Voluntad Divina quiere que todos seamos hermanos, que nos reunamos en una gran familia, y que proclamemos esta buena nueva por todo el mundo. El espíritu ancestral y social nos inspiró con la idea de que el “hombre es un lobo para el hombre”, que no te puedes fiar de nadie, que te van a engañar. Una familia puede por ejemplo repudiar a alguien por haber salido fuera de sus cánones, también una religión, etnia, grupos…

Tan distintas son así la Voluntad Divina y la que está en la Tierra por todas partes, aún muy dentro de nosotros.  ¿Cómo imaginarías el mundo si todos hubiéramos transformado nuestra voluntad en la Divina?

 

 

 

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