Textos extraidos de los libros “El piano como orfeón” y “El crescendo del bien” escritos por Juan de San Grial.

La música de Beethoven es extremadamente humanística. No consideramos humanístico únicamente lo que interviene en defensa del hombre, sino lo que lo muestra como EL VALOR MÁS ALTO DEL UNIVERSO. Esta música es un restablecimiento de la imagen divina en la humanidad. Cada nota favorece la transubstanciación en ligereza y pureza espiritual ayudando a entrar en las alturas de las vivencias musicológicas que no son posibles en los acuarios humanos. Por mucho que las almas naden en ellos, cual atractivos pececillos de río, ni siquiera ellos podrán alcanzar las esferas que emanan fragancias de manera tan maravillosa

Para que Beethoven pudiese plasmar esta musicología musical en sus partituras tuvo que pasar por la gran iniciación de Minné. La Dama Blanca Celestial.

La revelación en la noche antes del suicidio.

… A lo largo de cinco-seis años, desde 1795 hasta 1802, la sordera progresaba. Beethoven perdía su oído lentamente, lo que le causaba grandísimos sufrimientos. La música que oía ayer mismo, hoy la dejaba de oír…

Los doctores lo seducían con esperanzas falsas: “Es necesario ir a las aguas, el oído paulatinamente mejorará…”. Por fin, el médico en quien Beethoven confiaba, dijo: “La situación no tiene salida. Hacia los 32 años usted perderá el oído definitivamente”.

¡Una sordera completa por delante!. Una cruz así para un músico es insoportable: es lo mismo que un corredor de fondo sin piernas…

A los 32 años Beethoven prácticamente muere; ensordece, tras ser envenenado por un agente romano debido a su amor a la libertad y por la profundidad de su música. Le sobreviene una crisis mortal.
¿Qué significa no oír la música propia para un compositor?. Es igual que si al pianista le cortan las manos o al atleta las piernas. Oye la música en su interior pero al mismo tiempo no la oye… ¿Para qué escribir entonces?.

Antes buscaba una mujer terrenal, quería casarse. Tenía novias: alumnas aristócratas, la condesa Guicciardi. ¿Pero qué condesa se casaría con un sordo? Entonces, se quedaría solo…
Beethoven decide suicidarse. Compra dos pistolas, escribe un testamento detallado, transfiere un pequeño legado a sus hermanos Karl y Johann.

El testamento que escribió el compositor en Heiligenstadt sigue siendo un secreto no menor que el tercer secreto de Fátima. Han pasado siglos, pero el secreto del testamento de Beethoven no está revelado todavía.

Pero ocurrio algo… El suicidio no tuvo lugar.
¿Qué pudo detener al hombre en su grado extremo de desesperación, desengaño y soledad? ¿Los amigos? No, no había nadie que pudiera disuadirlo. No se abría a nadie, no pedía consejo a nadie, a pesar de que tenía muchos amigos y protectores: ¡no había ni un mínimo signo de que Beethoven confiara en alguien!.

¿Quizá fue la música que escribía?. No… ¡Fue Minné quien lo visitó!
Cuando Beethoven acababa de escribir su testamento, en el último momento lo detuvo una mano: se le reveló Minné diciéndole: “Insensato, tu vida solo acaba de empezar. Te revelaré una vida nueva, te daré un nuevo nacimiento y una nueva respiración. El hombre ha sido engendrado para toda la humanidad, ella será tu novia”.
Minné revela a Beethoven lo que ya sabía: EL SECRETO DE LA EXISTENCIA ES EL GRAN AMOR QUE DEBE DESCENDER AL MUNDO COMO UN SOL Y UNIR A TODA LA GENTE EN UNA FAMILIA.
¡Esto es un pensamiento meramente cátaro!. Los cátaros decían: “la Tierra es la casa de la Madre Divina. ¿Y cómo invitar a la gente a esta casa? ¡Con un gran amor hacia ellos!, el mismo amor que Ella profesa”.
Solo gracias a Minné, Beethoven sigue vivo. Minné lo estremece tanto que el compositor decide consagrarse enteramente a Ella. Apreció a Aquella que le había visitado: la mujer celestial, el celeste amor, La Sabiduría Divina
Ella, su genio espiritual, le dijo: “Es necesario que sea así, DEBES ENSORDECERTE PARA ESTE MUNDO, Y ASÍ EMPEZAR A ESCUCHAR LO QUE NADIE ESCUCHA”.
Beethoven de repente oyó una música tan hermosa que penetró su corazón. Se le reveló la verdad. De repente resplandeció el pasillo claro hacia la vida futura. Comprendió que iba a escribir precisamente de esta manera. ¡Ninguna sordera le molestaría para crear obras de arte geniales! Se le perforó el oído espiritual. Oiría en otros mundos, a los cuales el oído ordinario no se tiene acceso.

¡Hay que pasar por las puertas mortales para recibir una revelación musical de lo alto igual a la beethoveniana! Hacerlo es posible solo con ayuda de Minné. ¡Esta es la perspectiva que Beethoven descubrió en la noche antes del suicidio! No escribió sobre eso a nadie. Era de carácter reservado, eran muy pocas personas a quienes confesaba sus vivencias interiores. Además, lo espiaban los agentes romanos: entonces la música estaba bajo control. Hace poco había fallecido envenenado Mozart, Beethoven podría sufrir la misma suerte, si él de alguna manera ostentase su espiritualidad no-conformista.

Que importante es para cada alma reencontrar esta espiritualidad no- conformista. Llegar a tener esa “conversación” íntima y sincera como el mismo Beethoven tuvo con Minné. Cada alma busca, a pesar de todo, esta conversación, este diálogo con la divinidad. Lamentablemente la oración se ha convertido en un conservatorio automático y dogmático igual que para los músicos.

Nosotros cambiamos la palabra conservatorio por El ‘conversatorio’, que conversa. Esta palabra no existe, pero la hemos inventado. ¡Genial!
La escuela de Minné es un conversatorio. El “Minnesinger”, el que canta o interpreta a Minné dice: Cada vez que toco, hablo con las personas que escuchan. Mi estilo, mi manera de tocar es un discurso directamente desde el cielo, como una revelación.

Si el alma no llega hasta los aspectos del amor superante y de las puertas mortales que cada persona está pasando, o si Minné no vence las puertas mortales y no hay oído espiritual absoluto capaz de atender a la música de

manera adecuada, resultará una parodia miserable: un cancán pianístico, la exposición de la técnica, el narcisismo, los aplausos, el bisar…
Para tocar a Beethoven hay que pasar diariamente el mismo camino que pasaba él: por las puertas de la muerte y por las puertas del misterio más alto que detiene en la Tierra el suicidio de una persona tan pasional como Beethoven

Musicológicamente en la interpretación del Adagio Sostenuto de la sonata no 14 de Beethoven hay que poner todo el esfuerzo, todos los motivos pasionales nocturnos… Así se reza a la buena Divinidad, viendo el estado lamentable, trágico, apocalíptico del mundo, su sonambulismo. Al mismo tiempo, esta oración musical debe estar llena de bondad, de amor infinito y de misericordia. No debe haber ningún temor, ningún temblor ni horror.

Hay que tener la profunda esperanza de que un día el Reino del Padre del puro amor y de Minné descenderá a la Tierra, de modo que el hombre se hará instrumento del puro amor, de la perfecta bondad, de la paz mesiánica y de la pureza que lo une verdaderamente en uno con la purísima de las puras Divinidad, y de ese modo con todos sus hermanos en la Tierra.

Profundizando en una música tan simple como ‘Claro de luna’, tocada con las manos del músico verdadero, del minnecantor, se halla la polifonicidad interior. Se oyen el bajo y la melodía. Las voces interiores ocultas se disgregan desde el tejido melódico, entonces se cubre de un dibujo milagroso de armónicos, de una textura divina que empieza a volar.

En el ‘Claro de luna’ es importante oír tres voces: 1o el bajo: Es la Divinidad, 2o la melodía: la nota humana y 3o el acompañamiento: el Univérsum sonante, la ecúmene, todo el conjunto de los mundos.
Cuantas más voces usted sea capaz de destacar, con más perfección arquitectónica sonará la melodía.

¡Que suene la bella romanza de Minné!

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